APORREANDO EL TAMBOR. (2-NOVIEMBRE.2014)

EL PARTIDO DE LA JORNADA

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Su contendiente intentaba esquivar las balas o las bolas, de fuego, que le lanzaba nuestro Benjamín A, Campeón, 0-2, del Torneo de Yuncler. El Cobeja, muy buen equipo, sostuvo el empate en la liguilla inicial, uno a uno, pero no pudo resistir en la Final. Los nuestros son muchos, y muy buenos, con balón y sin él. Un orgullo, vamos.

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El Prebenjamin A llegó hasta la orilla del Torneo de Yuncler, semifinales, y acabó perdiendo ante el anfitrión en unos pocos minutos de desorden, 2-1 por no saber administrar el tiempo y sin contar con el reloj de arena y sus granitos, que caen lentamente.

LOS "DERBYS"

Los “derbys” nos trajeron decepciones y alegrías también, pero sobre todo lecciones a tener en cuenta. La más importante sin duda fue la de la Deportividad, con Mayúsculas. Jugadores, entrenadores y afición dieron la talla. Hubo alguna provocación megáfono en mano, que buscaba el protagonismo que quizá no tienen ni en su casa. Qué pobres, no?. El Infantil A tendrá que aprender a combatir el fútbol áspero, el de pelotazo y a correr, válido también. Perdió el partido precisamente por eso, porque se contagió del juego corrosivo del rival, olvidando lo que es combinar y mover, y probando con balones largos. Ese no es su juego, ahí son inferiores y mucho mejor con el balón en los pies.

El Cadete A, tal vez por ser el día que era, se disfrazó de algo que no es, dejó en el vestuario el preciosismo futbolístico que todos conocemos, y se coló en un concierto que no era el suyo, golpeando el bombo ruidoso que tocaba el contrario, en lugar del dulce violín al que están acostumbrados. En aporrear un tambor, nos ganan. Y eso cuenta también.

Lo del Juvenil fue parecido aunque con algunos matices. Aquí las fuerzas estaban igualadas, pero el fútbol del oponente fue de todo menos estético, un crimen teniendo lo que tiene, aunque a nadie extraña sabiendo quien lo propone. Enredar y embaucar, su misión, engañar, su virtud. Si a eso sumamos la ausencia de personalidad de quien debe dirigir un partido, un juez cualquiera, todo se acaba en el minuto uno, entre palmaditas y sonrisas, al presentar las fichas. Pensamos en el próximo partido.

Lo bueno lo mostró el Benjamín A, Campeón que antes apuntamos, y que en semifinales del Torneo de Yuncler, zarandeó en veinte minutos al adversario, llevándole de un lado a otro persiguiendo balón, eso sí, sin permitir que lo tocara, solo mirar, y buscando el resquicio para destrozar su línea defensiva. Antes, en la liguilla inicial, ante el mismo contrincante, el Benjamín B, con otro estilo, pero siempre vertical, sin racaneos, mereció algo más que el empate que les sacó.

Seguimos.

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